Que no cunda el pánico

Vale, llevo una semana sin escribir absolutamente nada. A mi favor debo decir que llevar un blog y compaginarlo con la vida académica es mucho más difícil de lo que esperaba. Mi ausencia en esta última semana tiene una explicación muy buena; todos aquellos que habéis realizado o estáis realizando una tesis doctoral sabéis que las conferencias y congresos forman parte de este mundillo y, para no ser menos, me ha tocado estrenarme como ponente hacer muy pocos días. Tranquilos que esta introducción no es solo para contaros mi vida, ni mucho menos, al contrario es para contaros cosas que os pueden ser útiles a aquellos que, como a mí, eso de hablar en público os produce un nudo en la garganta.

Si habéis elegido traducción e interpretación, como es mi caso, y no os gusta mucho eso de dar discursos, hacer exposiciones, presentaros delante de una clase llena y hablar durante 20 minutos de un tema que a lo mejor ni os interesa porque os lo han impuesto, os puedo asegurar que después de un cierto tiempo y de 4 años de carrera esto se soluciona y hasta te haces un poco adicto.

En mi caso, debido en cierta forma a las dificultades que siempre he tenido como oradora, me defino más como traductora que como intérprete. Es simple estar detrás de un ordenador, con la taza de café, mil pestañas abiertas para consultar significados que muchas veces sabemos y sobre todo no tener contacto con la gente. Lo difícil viene cuando tienes que comenzar a cambiar un poco de registro y ampliar un poco los límites…Ese momento en el que te sacan del área de confort puede y suele ser un shock. Pasas de verte sola trabajando a estar sentada delante de una sala llena de gente que espera que le cuentes algo interesante o nuevo. Seamos sinceros, hemos sido alumnos y muchas veces salíamos de las conferencias diciendo “yo no me he enterado de nada” y es esa frase la que se te pasa por la cabeza cuando cambias de posición. Toca pensar en cómo hacer que los alumnos te presten atención, cómo parecer lo más tranquila posible sin parecer excesivamente relajada y dar la impresión de ser arrogante, ser cercana y al mismo tiempo mantener las distancias para que te tomen como a una profesional. Bien, mi experiencia me ha llevado a los siguientes puntos que puede ser útiles para aquellos que empezamos en todo esto y nos sentimos como Alicia cuando llega al País de las Maravillas.

Algunos consejos útiles, muchos de ellos dados por un gran profesor a quien estimo muchísimo por lo que he aprendido de él.

  1. Posición corporal, la postura es algo básico y suele decir mucho más que nuestras palabras. Si os toca estar de pie procurar parecer lo más relajados posibles, no con los brazos cruzados, jamás las manos en los bolsillos porque dará la impresión de que os importa poco vuestro interlocutor o que vais de subiditos y no es la impresión que queréis dar. Evitad las posturas cerradas, nada de sacar chepa que no solo queda feo, sino también denota miedo y falta de confianza en lo que estamos diciendo. Moveros por la tarima es una buena idea, pero sin que parezca que queréis bajaros de ahí. Si os toca estar sentados es mucho más fácil porque solo se ve la parte superior del tronco, pero intentad no hacer muchos aspavientos con las manos, suele hacer que el público se centre más en los movimientos que en lo que tenéis que decir.
  2. Una vez controlada la postura el siguiente paso son los nervios. Os aseguro que estar 100% tranquilos es imposible a menos que seáis animales de palestra, en este caso enhorabuena y no os conviene seguir leyendo porque ya lo tenéis hecho. Para aquellos que sois como yo la entrada sigue un poco más. Disimular los nervios es algo complicado, nos suele templar la voz al principio del discurso, tendemos a jugar con el pelo, a empezar a pasar páginas sin ton ni son hasta que perdemos el hilo, etc., es complicado no imposible. En mi caso para mantener las manos ocupadas y no empezar a ponerme histérica lo que suelo hacer es tener un boli a mano, procurad que no sean de los que hacen ruidito, porque si tenéis un  micro cerca eso puede fastidiar al público. Un simple boli, un elemento que nos puede sacar de más de un apuro, que nos sirve tanto para señalar como para intentar mantener el hilo de lo que vamos diciendo. Para el tembleque en la voz… simplemente respirad profundo y pensad que sois los que más sabéis sobre el tema en la sala, habrá mucha gente que haya leído algo o que le suene, pero en el momento de la exposición vosotros sois los expertos. He de añadir que tener una botella de agua cerca nunca viene mal, pero nada de beber  del pico, mejor usad los vasos que suelen poner.
  3. Ya sabemos que debemos estar rectos, procurando no mover mucho las manos y que un boli siempre viene bien, ahora toca lo más importante: el discurso. Por lo general, el tiempo de los discursos que tenemos los que estamos empezando no es más de unos 20 minutos, media hora si me apuráis mucho. Si os pasa como a mí y os ponéis a hablar como un loro procurad tocar los puntos más importantes para no tener que cortar a mitad del discurso y haber hablado sin decir absolutamente nada. Un buen discurso es aquel en el que el público se queda con ganas de saber más del tema, así que dejadlos con la miel en los labios para fomentar su curiosidad. Es complicado pensar en que debemos tratar al público de igual a igual, pero no dar nada por sentado, eso nos lleva a tener que medir bien nuestras palabras y a seleccionar aún mejor lo que queremos decir. Procurad que la introducción sea realmente eso: una introducción en la que no se haga un spoiler de la conferencia entera, si destripáis el tema cuando empezáis os aseguro que el público pierde todo el interés. Las anécdotas está bien, pero hasta cierto punto, mejor dejar muchas batallitas para el café de después o para las rondas de preguntas. cdb11cce6d27b5d2683e795134d4a646
  4. Duda existencial de todos los alumnos, PowerPoint ¿sí o no? Yo soy completamente contraria a hacerlos porque soy de la política de que si me van a leer un PowerPoint podría haberme quedado en mi casa. Para aquellos a los que os gusta solo os pido que tengáis presentes algunas pautas: nada de colores de fondos estridentes que distraigan la atención, el fondo cuanto más neutral mejor; eso os hará parecer personas serias y no unos alumnos de 4º de la ESO que vienen a mostrar lo que han aprendido en clase de informática. Evitad las letras que sean ilegibles, hay muchas que son muy bonitas, pero al agrandarlas no se distinguen y crean bastante fastidio a quien tiene que leer. Controlad los tamaños de las letras en las diapositivas, no vale que unas sean muy pequeñas y otras enormes para que la dispositiva no se vea medio vacía. Relacionado con lo anterior, intentad que el contenido de las diapositivas sea claro, conciso y que dé realmente tiempo a leerlo, pensad que solo tenéis 20 minutos y que, en teoría, no vais a leer el PowerPoint, sino que lo vais a usar de apoyo. Y ahora lo más importante, revisad una y mil veces la redacción; un error de ortografía en un PowerPoint expuesto delante de una sala llena de alumnos y profesores os puede hacer pasar un muy mal rato.
  5. Por último, y creo que lo más importante, disfrutad de ese momento. He comenzado diciendo que es un shock el hecho de exponernos públicamente y mostrar nuestro trabajo, pero esto no siempre es malo. Cuando acabas la exposición y ves las cara de los que te han escuchado durante un rato y al acabar se te acercan para decirte que les interesa el tema y que están deseando leer más sobre él o incluso leer tus publicaciones, ese es un momento realmente único y que no cambio por nada. Si conseguís atraer la atención de una persona os podéis dar por satisfechos. Aunque estoy segura de que si habéis llegado hasta aquí tendréis mucho que decir y a mucha gente deseando escucharos.

Ahora debo admitir que a mí me tocó aprender todo esto a base de palos, correctivos y muchos malos ratos, muchas exposiciones en las que he dicho “tierra trágame” y de las que he salido diciendo “no vuelvo a exponerme nunca más en la vida”. Sin embargo, una vez superado el miedo os aseguro que todo se consigue (ahora toca la frase de madre) solo es cuestión de esfuerzo.

Esto es todo por hoy. Próximamente tocaré los temas en los que mejor me muevo.

Empieza esta aventura

Sí, la primera entrada de las muchas que empezarán a caer. En este caso solo es una breve presentación para aquellos que tengan interés en saber quién soy y lo que he hecho hasta ahora (vale, también está en el apartado de biografía, pero así queda más claro). Poca gente puede decir que supo siempre lo que quería ser de mayor y yo soy uno de esos casos peculiares. Traductora e interprete graduada en la Universidad de Málaga, mi trabajo hasta ahora se ha centrado en el mundo editorial y en las publicaciones académicas. Como traductora para el mundo editorial puedo hablaros, de momento, de dos magníficos libros publicados por la editorial Confluencias (editorial a la que debo estar más que agradecida por haber dado la oportunidad a una joven traductora de empezar su recorrido profesional) a saber:  Steve Jobs, Un revolucionario Silencioso y  Vittorio de Sica, La puerta del cielo: Memorias 1901-1952; libros con los cuales recibimos algunas buenas críticas como por ejemplo, una mención en el periódico El Mundo en el artículo “Jobs por Jobs” (http://www.elmundo.es/ciencia/2015/02/22/54e8c7f9ca4741e6048b456c.html), incluso alguna mención en otros blogs “Hablemos de talento” de Juan Carlos Cubeiro (http://jccubeirojc.blogspot.it/2015/03/los-60-anos-de-steve-jobs-un.html). Tener esto en el primer año como traductora es un sueño hecho realidad para cualquiera, pero al año siguiente la misma editorial volvió a contar conmigo para una nueva colaboración; en este caso un libro autobiográfico de un gran actor y director del cine italiano: Vittorio de Sica. Nuevamente, volvimos a tener menciones en los periódicos, blogs, algunas notas de prensa como por ejemplo la gran crítica hecha en “El Cultural” por Manuel Hidalgo (http://www.elcultural.com/blogs/tengo-una-cita/2015/07/vittorio-de-sica-recuerda/) o la mención que se hace en la revista Détour por Juan Jiménez García (http://diarios.detour.es/literaturas/vittorio-de-sica-cosas-que-encontramos-por-juan-jimenez-garcia), o las que aparecen en Cine para leer (http://www.cineparaleer.com/component/flexicontent/items/item/1680) y El receptor (http://www.elreceptor.com/archivos/libros/).

Lo dicho, un sueño hecho realidad para cualquier traductor que comienza. Sin embargo, no quedó ahí y unos meses después tuve la oportunidad de comenzar a participar como reseñadora (neologismo) y a escribir mis propios artículos académicos a la par de compaginar mis estudios de Doctorado y algunas traducciones para particulares en un ámbito más privado. Reseña publicada en el número 19 de la revista Trans. Ghignoli, Alessandro (2014), La palabra ilusa. Transcodificaciones de vanguardia en Italia, Comares, Granada: p.p. 303-306(http://www.trans.uma.es/Trans_19-2/Trans192_RRw.pdf)

En el caso de las publicaciones académicas se puede ver el capítulo “”La variación lingüística en el Hombre de la esquina rosada de Jorge Luis Borges” en Caprara, Giovanni; Ghignoli, Alessandro (eds.) Tendencias culturales en Italia: Entre literatura, arte y traducción, Granada, Comares: p.p. 85-92. El cual, nuevamente, me trajo grandes satisfacciones como aparecer en el Número 20 de  Oblio (Osservatorio Bibliografico della Letteratura Italiana Otto-novecentesca http://www.progettoblio.com/downloads/Oblio,V,20.pdf) pág. 136-137 y en el Número 7-8 de la  revista Entreculturas 7-8 (enero de 2016) hecha por Daniel Romero Benguigui  (http://www.entreculturas.uma.es/n7yn8pdf/resena21.pdf).

Supongo que esto es la muestra de que cuando algo se quiere se consigue, da igual el tiempo que se tarde, se consigue. Hace seis años atrás estaba sentada en detrás de un ordenador, imaginándome cómo quería que fuese mi futuro y lo conseguí. Puedo deciros que no empecé de la mejor manera en el ámbito académico, no era la mejor oradora, de hecho era incapaz de pronunciar una frase sin tartamudear, pero a día de hoy me dedico a lo que quiero: traducir y dar conferencias sobre los temas que me gustan.

Dicho esto, ánimo a aquellos jóvenes traductores que piensan que no se puede conseguir una oportunidad, soy la prueba de que con esfuerzo todo se consigue.